lunes, 14 de febrero de 2011

Carta a mi padre


Después de 34 años he otorgado 5 min para juzgar a mi padre (porque yo si juzgo), jamas he generado sentimiento hacia el, salvo que la indiferencia sea un sentir...

Cada fin de semana voy a ver a Jenn y Sophia, van a buscarme con mi madre esperando encontrarme ...entro a casa y están ahi, gritan y saltan, preguntan si el vestido que portan es lindo... si se miran como princesas, si es azul o es rosa...

Yo les contemplo escuchándolas, me alegra verlas, se miran tan contentas...
Y al hacerlo, me di cuenta que odio a mi padre... estoy completamente seguro.

Como pudo alejarse? nunca debió abandonar a sus hijos, como pudo hacerlo?
Juego con ellas y platico... salimos a comer y todo lo hacemos juntos.... juntos les digo y repito cuanto las amo, les procuro y doy de comer, las arropo y les canto como antes lo hacia siempre antes de dormir...

Pero no estoy ahí...

Mi madre y mis hermanos me preguntan que tengo? En que pienso... generalmente contestamos “Nada” cuando pensamos en tantas cosas, como no están en orden por eso nada es en lo que pensamos.

Sin embargo... Soy Juan Edgar, siempre las cosas son con intención.
Mi padre se fue porque me amaba... me amaba muchísimo... pero debía hacer su vida, pues su vida con nosotros estaba ya deshecha.

Se es padre porque convives diariamente con tus hijos, porque los arropas todas las noches y ves todos los días...

La convivencia con ellos te hace padre, no porque la gente te diga que lo eres.

Las abarco completamente, tratando de dividirme entre ambas, deseando no acabe el día... mi día, nuestro día. Sophia entre sonrisas reacciona como yo... se queda pensativa después de abrazarme, decirme un secreto ( Te quiero mucho papa) o después de cantarle...pierde su mirada y pregunta.

- Vas a ir a trabajar papa?
  • Si hija- contesto – Debo ir, pero sera hasta el día de mañana... hoy estaremos juntos, juntos.

    Se conforma con eso y espero hasta su próxima misma pregunta...
La verdad... la verdad es que las miro preguntar y llorar por mi, decirme que busque un trabajo mas cerca o que me quede con ellas... No puedo evitar pensar que en mi ausencia no sufrían ese dolor... sencillamente ... yo no estaba.

Ahora no paro de lastimarlas dividiendo su vida, pues la verdad no puede decirse con mentiras... la verdad es que las lastimo y me lastiman... contando las cosas que deberán hacer, planeando fiestas en las que no estaré o lugares a los que no iré...

La verdad es que agradezco a mi padre... por irse y evitarme ese dolor que sienten ahora las niñas por mi... pues no existe nada, absolutamente nada tan penoso que regalarle algo a tus hijas y que ellas creen deben esconder... porque se los ha dado su padre.

         Juan Edgar.