martes, 17 de agosto de 2010

Apunte de mi vida

Leccion I : El pasado arregla el presente.

Existió el clásico y estúpido lapso en mi vida, donde quería castigar a toda costa, cuanta mujer se acercara buscando mi compañía, vengando mi lastimada conciencia por un hecho abominable en mi contra (que un día contare so pena de lastimar a quien me conoce) esa etapa me duro un año. Después de forzar mi mente hice algo que irónicamente prometí no olvidar…

Alma Delia era una chica de mi edad (20 años mas o menos) o tal vez un año más grande, realizando su servicio en la base donde yo trabajaba, de tez blanca, piernas largas y cabello castaño claro… mujer sencilla que estudiaba para ser profesora de primaria, sobrina política de mi jefe, el Comandante Barreto… ah que recuerdos, a él si lo recuerdo bien, me miraba y gritaba; Chulo, chulo, chuloooo!!! Ya fuiste a ver a mi sobrina? Es que mi esposa me está chingue y chingue que quiere conocerte. No sabía que la metía en camisa de once varas y en momento menos justo para ella.

Con ella aprendí que entre más ignores a una persona más interesante serás para ella, que después con una cita de mi buen amigo Játiva, relacione.

Que quien no pene, los “amores”, no gozara de amantes…,
pues es con las ausencias, penas y más penas
como se pagan, tienen y retienen las mujeres

Que no significa que siempre lo haya aplicado… solo lo hice durante ese año.
Solía visitar a esa chica a su casa, vivía en la delegación de Tlacotitlan en el municipio de Ozumba de Álzate, preguntaba por ella y salían sus hermanitos, su familia me pedía metiera la moto o el carro según fuera, dentro de su terreno, comí y cene con ellos solo un par de veces.
Duramos tal vez tres meses, jamás una pelea, pues me aleje poco a poco después de encontrar con frecuencia frente a su casa un vehículo de servicio público a altas horas de la noche… Asumía algo que no sabía, sin embargo a partir de esos momentos hasta ahora jamás me equivoque en esas situaciones.

La última vez que la vi, estaba con un vestido blanco de enorme caída como una toga (raro no) en un campo abierto y con luz de luna en un tono morado, recargado yo en un árbol enorme y charlando de el presente sin futuro.
Mientras ella me hablaba yo pensaba y me decía;
“Juan Edgar, no sabes qué papel jugara ella en tu vida
pero de algo si puedes estar seguro…
no la olvidaras nunca”

Ahora después de 14 años falte a esa promesa mía,
no recuerdo su cara ni su sonrisa,
su voz o el olor del cabello…
Y ahora que lo pienso,
así pasara tal como con Alma Delia
con todas aquellas personas
que jure a mi mismo ayer...no olvidar
y no les recordare de nuevo.

Juan Edgar